, Ismael Hernández Adell
Las sociedades laborales tuvieron un fuerte desarrollo durante la década de los ochenta del siglo pasado. Esta fórmula empresarial se ideó en un contexto de crisis y reconversión industrial, y tenía un doble objetivo: por un lado, mantener los puestos de trabajo mediante una fórmula de democracia empresarial que dota la mayoría de la propiedad de la empresa a los propios trabajadores; y por otro, recompensar mediante la inferencia en la gestión y la captación de futuros beneficios, el esfuerzo que realiza el trabajo por mantener viva la empresa y no debilitar el tejido productivo del país. Esta fórmula empresarial ha ido perdiendo paulatinamente relevancia. En la actualidad se pueden rescatar las sociedades laborales como herramientas valiosas para hacer frente a los principales retos a los que nos enfrentamos en este siglo XXI, especialmente en lo referente al cambio climático, el incremento de las desigualdades y el deterioro democrático.