El concurso de acreedores no es sino el público reconocimiento de un fracaso empresarial. Las causas de este fracaso pueden ser varias: unas de naturaleza exógena o externa a la gestión de la empresa (tales como cambios en la conducta del consumidor/cliente, alzas de las materias sin posibilidad de repercutir dicho incremento de forma correlativa en los precios, cambios tecnológicos bruscos, etc.) y otras de naturaleza interna, que cabe incardinarlas en deficiencias en la gestión de la empresa, por no haber estado vigilante y en predisposición a adaptarse a los cambios de todo tipo que sin duda se suceden en la sociedad y por ende en los negocios. La concurrencia o no de conductas negligentes, culposas o dolosas en las causas y/o agravamiento de la situación de insolvencia, será la clave para conceptuar el concurso como fortuito o culpable y para dilucidar ese juicio, el legislador tiene encomendado al administrador concursal la emisión de un prolijo informe que sustancialmente se compone de cuatro extremos: el inventario de bienes y derechos, la lista de acreedores y el informe propiamente dicho en el que debe constar la historia jurídica y económica de la empresa, las causas motivadoras de la insolvencia y el estado de la contabilidad, aspecto este último que motiva estas líneas. El letrado que vaya a preparar una demanda de concurso de acreedores voluntario de una persona física o jurídica obligada a llevar contabilidad, debería haber revisado previamente (él mismo, si tiene los conocimientos suficientes, o por medio de un experto contable) el estado de esa contabilidad en evitación de sorpresas que afecten a la estrategia procesal que pretenda seguir en su función de dirección letrada del procedimiento. El administrador concursal deberá revisar también (él mismo, si tiene los conocimientos suficientes, o por medio de un experto contable) el estado de esa contabilidad y emitir juicio sobre los documentos complementarios, a fin de dar cumplimiento a las obligaciones intrínsecas a su función.
Bankruptcy is nothing but a public recognition of a business failure. The causes of such a failure can be several: some may be of an exogenous nature or external to the management of the company (namely, changes in consumer/client behaviour, material price hikes without the possibility of passing on a corresponding cost increase, sudden technological changes, etc.) and others of an internal nature, which can be linked to deficiencies in the management of the company caused by a failure to be vigilant and willing to adapt to changes of all kinds that invariably take place in society as a whole and thus in business. The question of whether or not negligent, culpable or wilful conduct are present in the causes and/or aggravation of the bankruptcy situation will be key to judging the bankruptcy as fortuitous or culpable, and to clarify that judgment the legislator entrusts the bankruptcy receiver with the preparation of a lengthy report that is essentially composed of four parts: the inventory of rights and assets, the list of creditors and the report itself, which must include the company’s legal and financial history, the reasons for the bankruptcy and, as examined herein, the accounting situation. Lawyers entrusted with preparing a voluntary bankruptcy claim for a natural or legal person required to keep accounting records should have previously reviewed (by themselves, if they have sufficient knowledge, or via an accounting expert) the status of that accounting situation in order to avoid surprises that could affect the procedural strategy they intend to follow in their role as manager of the legal proceedings. Bankruptcy receivers must also review (by themselves, if they have sufficient knowledge, or via an accounting expert) the status of the accounting situation and pass judgment on the complementary documents with a view to complying with the obligations of their role.