Durante mucho tiempo vitrina del neoliberalismo, Chile no deja de decepcionar a sus viejos admiradores: en algunos años, este país tan desigual se ha renovado con las movilizaciones populares, ha elegido un presidente de izquierda y ha comenzado un proceso de redacción de una nueva Constitución que reemplace la implantada en dictadura. Así pues, la decepción de unos suscita el entusiasmo de otros.