El esfuerzo que supone la implantación de un modelo de control aconseja que tomemos las medidas más eficientes, priorizando las decisiones de carácter práctico, que faciliten la tarea a realizar, sobre otras opciones más complejas o menos eficientes. Para ello, existen dos cuestiones clave: la elección del modelo inicial de cálculo de riesgos y la automatización de los procesos de control.