Andrew S. Erickson, Gabriel Collins
Las autoridades estadounidenses encaran una decisión difícil. Si ceden para que China coopere en el combate al cambio climático, Beijing solo hará promesas que no podrá cum- plir. Pero si se rehúsan a tratar con China, pondrán en riesgo los esfuerzos por desacelerar el calentamiento de la atmósfera. Ahora bien, hay otra opción: en lo que al cambio climático se refiere, Estados Unidos no debería cooperar, sino competir con su rival.