La inversión pública tiene una enorme capacidad multiplicadora y movilizadora de los recursos privados. Es uno de los puntales del enfoque keynesiano de la economía y una seña de identidad de la socialdemocracia más clásica. En la actual etapa de reconstrucción post-COVID, la centralidad de las agendas económicas pasa a tener como prioritarios los problemas relacionados con el cambio climático, la digitalización y la completa eliminación de la brecha de género.