La crisis económica desatada con la pandemia ha puesto en primer plano la necesidad de salvar la economía. Este es el desafío. Es en este sentido del que se deriva nuevamente la importancia de la inversión pública, toda vez que, de forma amplia, ya sirvió de palanca de gran trascendencia en el curso de la crisis de los años treinta para la Economía como ciencia social según los presupuestos keynesianos, hasta el punto de fraguarse los grandes principios de la macroeconomía moderna. En la situación actual de necesidad de inversión pública para salvar el propio sistema, los gobiernos deben marcar sus reglas del juego, sus exigencias ante una planificación inversora que redunde en el tejido privado, máxime cuando se trata de subvencionar, ayudar o rescatar empresas e incluso sectores económicos casi enteros.