Charles Perragin, Guillaume Renouard
El sueño ultraliberal de una Internet regulada únicamente por empresas privadas se está desvaneciendo. Los Estados, impotentes durante mucho tiempo ante la magnitud de un fenómeno que no llegaban a comprender del todo, están recuperando el protagonismo en el ámbito digital. Y cada vez ejercen una mayor influencia en la arquitectura física de la Red, objetivo clave del siglo XXI en cuanto a soberanía y poder, como lo fueron en el siglo XIX los cables telegráficos.