El siglo XXI ha traído un cambio de paradigma en las relaciones internacionales. A la globalización como fenómeno omnipresente se le ha solapado un debilitamiento de la gobernanza global, una nueva dinámica de poder con un reposicionamiento y sustitución de algunas de las potencias principales, la aparición de nuevos actores internacionales distintos de los Estados y empresas multinacionales y una revolución en el mundo digital, particularmente en las tecnologías de la información y las comunicaciones.
Ante esa falta de gobernanza global en todos los ámbitos (terrestre, marítimo, aéreo, ultraterrestre y ciberespacio) las Organizaciones Internacionales necesitan un nuevo impulso para ordenar la convivencia a nivel planetario.