La Corte Penal Internacional ha sido creada para enjuiciar a los autores de los más graves crimenes de transcendencia internacional. Todos ellos, y en especial los crímenes de guerra y el crimen de agresión, están estrechamente relacionados con el desarrollo de conflictos armados internacionales o internos. Por ello, la Corte se configura como un instrumento eficaz y útil al servicio de la paz y de la justicia. El Estatuto de Roma incorpora múltiples elementos —tanto positivos como negativos —para que la Corte pueda ejercer correctamente su función.