Este concepto se asimila bastante a una de las competencias troncales de liderazgo que utilizamos los psicólogos de trabajo y organizaciones:
la «motivación de logro», un concepto desarrollado en los años sesenta del pasado siglo por el psicólogo norteamericano David McClelland.
En palabras de Nietzsche, la voluntad de poder es el motor principal del individuo y se nutre de la ambición de lograr sus deseos más íntimos.