En un mundo globalizado como el nuestro, es natural que las empresas sean también cada vez más globales y presenten una gran mezcla de culturas, idiomas y religiones entre sus trabajadores, clientes y consumidores.
Esta diversidad resulta muy positiva cuando está bien gestionada, ya que aporta puntos de vista diferentes a la hora de tomar decisiones, enriquece la cultura de la compañía y genera una mayor flexibilidad a la hora de afrontar procesos transformacionales.