Antes del avance populista de la década de 2010, la creencia generalizada era que una vez que los populistas realmente llegaran al poder fracasarían rápidamente, porque ellos mismos se convertirían en la élite contra la que anteriormente habían luchado cuando estaban en la oposición. La idea era que "cuando eres parte de la élite, no puedes luchar contra ella". No obstante, la realidad de los últimos años, especialmente en Hungría, ha demostrado que esta lógica es imperfecta.