El Tratado de Lisboa estableció la Política Común de Seguridad y Defensa como desarrollo y sustitución de la hasta entonces Política Exterior y de Seguridad Común. Este cambio no suscitó comentarios de fondo en España salvo en los circuitos especializados. No es de extrañar, puesto que, como enseña el CIS, el interés de los españoles por las cuestiones relacionadas con la Defensa Nacional y las Fuerzas Armadas es bastante escaso: sólo el 37% de los ciudadanos les presta mucha o bastante atención frente al 70.2% que confiesan su poco o ningún interés, lo que se traduce en que sólo un 32.7% incorporen estos temas a sus conversaciones con alguna frecuencia frente a un 67% que nunca o sólo rara vez lo hacen.