Julián Núñez
Existen tres áreas de infraestructuras en las que los esfuerzos inversores tendrían un efecto directo en el cambio climático: agua, medioambiente y energía. Realidades de nuestro país como el estrés hídrico al que estamos sometidos o el desafío agroalimentario que tenemos por delante requieren con urgencia mayor eficiencia en la utilización de los recursos de agua disponibles. Igualmente, con medidas relacionadas con el tratamiento de residuos, protección y regeneración del medioambiente, reducción de emisiones o con el impulso de energías renovables, la eficiencia energética o la interconectividad con Europa (tanto eléctrica como de gas) podemos lograr grandes avances en esta lucha.