De una manera muy libre, quizás poco académica, pero con gran acierto y densidad, el autor nos plantea cómo en esta sociedad de los medios, de la información y de la saturación publicitaria, los anunciantes, y por ende los creativos, deben dejar de comprar la audiencia por kilos y centrarse en la calidad y especialmente en la eficacia. Nos plantea la idea de que debe haber menos publicidad, pero, la que quede, debe ser más relevante y, por lo tanto, más eficaz. Es la manera de respetar al consumidor y a nosotros mismos como publicistas.