Europa tiene batallas pendientes en demasiados frentes: su gobierno económico y sus instituciones necesitan una revisión completa tras la crisis; su clase política necesita volver a conectar con los ciudadanos; y, quizá lo más importante, su pueblo necesita una salida del atolladero actual marcado por unas perspectivas económicas oscuras, en particular para los más jóvenes. Para poder resolver estos problemas, la Unión Europea necesita poner en marcha políticas coordinadas en diversos ámbitos, especialmente en materia económica y fiscal, que pongan en valor las políticas públicas en todos los países.