Fouad Benali
Las finanzas islámicas forman parte de la teoría global de la economía islámica, que tiene sus raíces en la religión islámica a través de introducir los valores principales de la Sharia (Ley islámica) y que se fundamenta en la justicia social, los activos reales y la economía ética y universal. La banca islámica es una parte fundamental de la industria financiera islámica, cuenta con distintas particularidades que la hacen ser completamente diferente de lo que conocemos como banca convencional, al prohibir el cobro de tipos de interés, y la inversión en aquellas actividades que se consideran prohibidas por el Corán (Haram), tales como armamento, pornografía, alcohol, carne porcina, etcétera. En la actualidad la banca islámica se ha establecido en 75 países a través de 500 instituciones, con un crecimiento anual que va del 16 al 25 por 100, según se desprende del último informe de Ernst & Young, 2013-2014. Sus activos globales ascienden aproximadamente a 2 billones de dólares. Malasia se considera la plaza financiera islámica por excelencia, por su alto grado de desarrollo y porque sus activos bancarios islámicos suman 168.400 millones de dólares, es decir la cuarta parte de los activos financieros del Estado.