Normalmente la demostración de un problema matemático abierto no supone metafóricamente hablando el cierre de una puerta, sino el nacimiento de nuevas teorías y campos en los que investigar. El problema de Basilea significó no sólo un trampolín en la carrera de un joven Leonhard Euler, sino el germen de una de las herramientas fundamentales en Teoría de Números como es la Función Zeta.