Doña Hipólita de Córdoba y Cardona, IX condesa de Alba de Aliste, fue esposa de don Luis Enríquez de Guzmán, IX conde de Alba de Aliste y Villaflor, señor de Garrovillas, Virrey en Nueva España y en el reino del Perú en los comedios del siglo XVII, y Grandeza de España, según título otorgado por su majestad Felipe IV en 1641. El testamento de doña Hipólita, redactado en Madrid en 1658, y su memoria, recogen en varias cláusulas sus últimas voluntades. De la lectura del mismo se infiere la piedad cristiana de esta dama del siglo XVII, el afecto que profesaba a sus criadas, entre ellas dos de Garrovillas, villa ésta perteneciente a su señorío. Según la documentación y las inscripciones de los sepulcros del convento de San Antonio, donde ejercía el ius patronatus el conde de Alba de Aliste, ambos buscaron el eterno descanso en la nave de la iglesia de este convento franciscano, el cual había sido reedificado, ampliado y adornado por Don Luis Enríquez en los años 60 del siglo XVII.