El artículo repasa la experiencia de los bancos españoles en América Latina, donde se han expandido mediante un modelo descentralizado, de filiales jurídicamente independientes, orientado al negocio minorista y con financiación local. Este modelo ha reportado claros beneficios tanto a los destinatarios de estos servicios como a los bancos españoles, dotándoles de mayor fortaleza y rentabilidad, al tiempo que ha contribuido a la estabilidad financiera de España y de América Latina. Estos aspectos positivos se han puesto particularmente de manifiesto durante la crisis financiera. No obstante, algunas iniciativas regulatorias adoptadas a raíz de la crisis son especialmente onerosas para el modelo de banca comercial bajo la fórmula de filiales, un efecto no deseado por los reguladores que requeriría ciertas correcciones.