La reforma constitucional sigue siendo necesaria, pero ha dejado de ser urgente; o por mejor decir, ha de ser aplazada por algún tiempo. La Constitución solo prohíbe acometerla en tiempos de guerra o cuando han sido declarados los estados de alarma, excepción o sitio, pero la prudencia y el respeto por la dignidad del Estado democrático aconsejan dejarla de lado hasta poner término al golpe dirigido contra él por las instituciones de la Comunidad Autónoma de Cataluña.