Hasta hoy, Turquía ha resultado ser un puente crucial entre Europa y Asia. Se ha revelado como una fuerte alternativa de cara a poner fin a la dependencia del suministro de gas de Rusia, pero actualmente han surgido nuevos competidores en el mercado energético que suponen un reto al papel predominante de Turquía como proveedor de gas. Países como Azerbaiyán, Turkmenistán, Irak, Irán, Israel y Chipre son asimismo grandes productores de gas, y también podrían convertirse en potenciales proveedores o posibles colaboradores del Corredor Sur de Gas. Aunque puede que no estén tan próximos políticamente a Europa como Turquía, sí ofrecen otros activos estratégicos que pueden revertir esa situación de predominio energético, al menos a medio plazo