Durante las dos últimas décadas, la región del sur del Mediterráneo ha sido probablemente una de las más dinámicas del mundo en cuanto al desarrollo casi generalizado de los sistemas de transporte. Dicho desarrollo se debe principalmente a que los países del sur han cobrado conciencia de la importancia de los transportes para dinamizar la economía y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, pero también se ha beneficiado, en cierta medida, del impulso recibido de la cooperación euromediterránea, que en el sector del transporte ha sido especialmente intensa. No obstante, ¿son suficientes los avances registrados para que los países del sur del Mediterráneo puedan plantearse seriamente la posibilidad de una pronta incorporación al codiciado club de las economías emergentes?