Las leyes electorales son fundamentales en una democracia, porque son las que establecen el marco mediante el que los ciudadanos decidirán quiénes alcanzan el poder político, cada cuánto lo hacen y para qué. Algo en lo que estriba la diferencia fundamental entre "democracia" y "dictadura". Los sistemas que aspiran a tener una buena salud democrática deben evitar legislaciones que fomenten la fragmentación territorial excesiva y atípica, la reducción de diputados, que los votos de una circunscripción valgan más que los de otras y la manipulación orweliana del lenguaje.