Lo que hace un tiempo se analizaba como una creciente desafección de los ciudadanos hacia la política se ha convertido en una crisis institucional de gran envergadura. Varios autores establecen paralelismos con el colapso de las democracias parlamentarias europeas tras la Gran Depresión de 1929. Para interpretar correctamente el problema y aportar soluciones es preciso delimitar su alcance. ¿Estamos ante un cuestionamiento general de los protagonistas actuales de la vida política, sus prácticas y sus comportamientos morales? ¿Alcanza la crisis a la credibilidad de los partidos políticos en general y hasta de las propias instituciones democráticas? ¿Se puede hablar de una quiebra de la confianza en la democracia representativa como régimen? ¿Se abomina de la política misma como actividad que organiza el espacio público que compartimos?