Las políticas preventivas para luchar contra la tecnoadicción son muy irregulares. Se viene haciendo hincapié en escuelas de padres o en las aulas, especialmente en lo que atañe a una excesiva dependencia del ordenador. Las indicaciones han dado algún resultado para compartir su uso por toda la familia o para evitar que los menores accedan a páginas de contenido sexual o xenófobo. Pero esas precauciones han sido superadas con el uso del smartphone.