Se ha dicho con frecuencia que el nacionalismo catalán es esencialmente un movimiento conservador y burgués, pero ello no es exacto. Si se observa la historia, se puede apreciar que la crítica al Estado centralista ha sido un elemento común tanto para las derechas como para las izquierdas, aunque por distintos motivos. Los principales objetivos del catalanismo político tradicional se asumieron por la Constitución de 1978 y el Estatuto de Autonomía de 1979, que tuvieron un desarrollo rápido y eficaz que de hecho configuran a España como un Estado federal.