La corroboración de la disfuncionalidad del Estado-nación de cara al manejo de las relaciones económicas es otro de los elementos que configuran el panorama global en el fin de siglo. En efecto, la necesidad -que va de la mano del desarrollo de la actividad de las empresas transnacionales- de crear economías de escala que sean eficientes tanto desde el punto de vista del consumo como de la infraestructura y de los servicios profesionales, conduce a la creación de espacios territoriales que van más allá de las fronteras estatales y, por ende, que agrupan territorios de diversos países.