La cultura como alimento de la mente y del espíritu, como conjunto de instrumentos que ayudan al ser humano a superar los peldaños de la ignorancia y del aburrimiento es la fuente que sacia la ser de aquellos ciudadanos que se instalan en la resistencia. Los resistentes saben que la información que se ofrece sobre la cultura no es pura ni inocente o, en todo caso, tiene la inocencia y la pureza de quienes la proporcionan, por eso han aprendido a discriminar y también, por eso, es tan difícil informar al que ya sabe.