Desde el pensamiento progresista se entiende la cultura como un elemento clave para desarrollar la "democracia de los ciudadanos". Una de las fuentes que alimentan la cultura son los libros -unidades de creación, información, ideas, sentimientos, experiencias, valores, diversidad, formación, sabiduría-, instrumentos que ayudan a comprender el verdadero sentido de la palabra libertad. Pero no basta con producir libros, lo más importante es leerlos y para ellos son necesarios planes de fomento de la lectura que sean reales y eficaces y que lleguen a los ciudadanos de todas las edades. Un gran reto para este nuevo Gobierno.