Las maniobras del Gobierno del PP para lograr un control absoluto de los medios de comunicación públicos y de control indirecto de buena parte del resto, parecían garantías suficientes para dirigir a la opinión pública. Pero la puesta en escena del acto final fue tan burda y tan escandalosa que no se pudo bajar el telón a tiempo, porque las ocultaciones y las tergiversaciones de la realidad salieron a la luz de los focos, despertando a los ciudadanos con un fogonazo de cruda realidad.