La oposición ciudadana a la guerra de Irak ha constituido un hito en la vida de la democracia española. El apoyo incondicional del Gobierno del Partido Popular a la política belicista de la Administración Bush en la guerra de Irak ha tenido una serie de consecuencias que afectan de forma negativa al consenso pactado en la Transición en materia de Constitución "interna" y "externa". Se ha producido una quiebra de la legitimidad en el ejercicio del poder, al despreciar el Gobierno el clamor ciudadano contra la Guerra de Irak. Se ha sacado a España de las líneas maestras que se consensuaron en política exterior, traicionando veinticinco años de europeísmo, de excelentes relaciones con el Mundo Árabe y con América Latina.