El proceso de globalización está planteando nuevos desafíos a las organizaciones internacionales, a los Estados y a las asociaciones políticas y sociales. Los partidos y los sindicatos se verán obligados a articular nuevas estrategias organizativas y político-sociales, tanto en el ámbito interno como en el internacional. La aparición de lo que ha empezado a llamarse "opinión pública global", que exige una "política global" distinta de la que imponen los grandes poderes políticos y económicos, debe originar cambios profundos en estas organizaciones si quieren contribuir a las transformaciones políticas, jurídicas e institucionales que el mundo necesita.