El Prespuesto Participativo nació en la ciudad de Porto Alegre en el año 1989, cuando un gobierno municipal de izquierdas decidió democratizar las relaciones entre el poder público y los ciudadanos. Se trata de un modelo que se puede definir como un contrato social entre el poder público municipal y la sociedad civil local, basado en la participación directa de los ciudadanos, con una estructura que se construye desde abajo y cuya finalidad última es tomar decisiones de acuerdo a criterios de justicia social sobre el uso de los recursos públicos municipales.