El Gobierno del Partido Popular ha cambiado el rumbo de la política exterior española, abandonando las posiciones europeístas y de enlace entre los países árabes y América Latina, para desplazarse hacia posiciones seguidistas de la política de Estados Unidos. La alienación sin matices de Aznar con la Administración Bush en la guerra de Irak significa un retroceso en las posiciones internacionales de España, convirtiéndola en mera vasalla de la superpotencia.