El capitalismo ha sido históricamente un modo social en deriva continuada hacia la expansión, habiendo terminado en una forma de globalización económica inmersa en un proceso de asimetrías constantes, dónde se está configurando un mundo en el que cada vez los núcleos de poder son más reducidos y potentes, mientras el grupo de los excluidos no deja de crecer. Los núcleos de poder son los que dictaminan las necesidades de una guerra como la de Irak, en función de los intereses de la Nación que mejor los representa.