El embargo impuesto por Naciones Unidas ha sumido en la penuria a la población de Irak, un país próspero en 1980, con reservas petrolíferas abundantes y con un nivel de desarrollo muy superior al de otros Estados de la zona antes de que se produjera la Guerra del Golfo. La población ha sufrido unas consecuencias devastadoras: los alimentos y los medicamentos escasean, se ha destruido el sistema de salud, la mortalidad infantil (como consecuencia del hambre y la desnutrición) ha crecido más que en ningún país del mundo.