La guerra contra Irak, que capitanea Estados Unidos y que se enmarca teóricamente dentro de las medidas destinadas a combatir el "terrorismo internacional", supone una vulneración flagrante del Derecho Internacional. Este hecho se inscribe dentro de la estrategia del "ataque preventivo" que persigue ejercer presión sobre los Estados tildados por Bush de "malvados", además de cercar a China y asegurar a Estados Unidos el control del petróleo para las próximas décadas.