Las predicciones de Delfos se consolidan como un excelente procedimiento de aproximación al futuro. El análisis estadístico de sus predicciones, basadas a su vez en promedios de los principales centros de predicción de un conjunto de países, demuestran su superioridad frente a las predicciones aisladas. Adicionalmente, su margen de error es mínimo en la tendencia del cambio, ya que prácticamente en la totalidad de los casos acierta en la dirección de las correcciones efectuadas a uno y dos años.
El crecimiento económico registrado por la economía mundial durante el primer semestre, avala las buenas perspectivas que en general recogen las predicciones del informe Delfos para el 2005, unas predicciones que sin embargo muestran un crecimiento algo menor que el registrado en el año precedente. Los analistas coinciden en señalar como principal y casi único riesgo económico del crecimiento, el encarecimiento del crudo, si bien éste no generará tensiones inflacionistas. El riesgo político al crecimiento se centra en el impacto que pudiera generar un incremento de los atentados terroristas y una mayor inestabilidad política mundial.
En términos generales, las predicciones para el 2006 muestran un perfil parejo a las recogidas para el 2005, similares tasas de crecimiento y similares riesgos. Estados Unidos se mantiene a la cabeza de los países desarrollados, con fuerte déficit comercial y tipos de interés al alza, mientras que Europa, con evidentes signos de carencia de fortaleza política y económica, se mantendrá en tasas insuficientes de crecimiento y una mayor vulnerabilidad a los precios del crudo, con un euro que seguirá débil frente al dólar.
Para España, las perspectivas se recuperan y se aproximan al 3% de crecimiento del PIS para el 2005 y el 2006, con un modelo caracterizado por el crecimiento de la demanda interna y del déficit exterior. Sin embargo, en España existen riesgos que pueden hacer variar el actual optimismo y que se centran en el mencionado déficit exterior y la vulnerabilidad de nuestra inflación al crecimiento de los precios de la energía, sin posibilidad alguna de actuar sobre los instrumentos de política monetaria que en la fase actual de nuestro ciclo no son los más adecuados. Adicionalmente, las buenas perspectivas actuales serán realidad siempre que el reciente protagonismo del consumo privado y la inversión en viviendas deje paso a la inversión productiva y a una necesaria recuperación del sector turístico.