La transformación económica iniciada por España en la década del sesenta, su posterior democratización y su integración en la Unión Europea llevaron a que se convirtiera en los noventa, en uno de los principales inversores en Latinoamérica, particularmente en la Argentina al punto de constituirse en el segundo después de Estados Unidos. Apoyados sobre datos estadísticos de diversas fuentes, los autores destacan la importancia de las empresas españolas en la creación de empleos formales, en la capacitación de recursos humanos y en la transferencia de tecnología de última generación, además de señalar la ascendente participación de pequeñas y medianas empresas locales en el proceso productivo.