La violencia de género tiene graves consecuencias sobre la infancia, incidiendo de manera negativa sobre la formación de la personalidad incipiente de estas posibles víctimas, a las que se impide su desarrollo pleno. Los menores que presencian la violencia de género crecen en un ambiente en el que se les sustrae la capacidad de dar y recibir afectos cargados de calidad humana y "aprenden" a soportar como norma el dominio y el sometimiento de la violencia.