Como principio argumental de mi posición, que pretendo describir en este artículo, es que implantar metodologías de trabajo que permitan hacer posible la salvaguarda de un derecho fundamental de los ciudadanos, cual es la confidencialidad y privacidad, requiere la combinación de estrategia, paciencia, priorización, consenso y muy especialmente transigencia o si se prefiere, asumir que no hay dogmas.