El nuevo Tratado europeo es genuinamente neoliberal tanto en su letra como en su espíritu, además de haber sido elaborado sin debate público ni participación alguna de los ciudadanos. Mientras la Carta de Derechos Fundamentales mantiene una redacción ambigua, su valor legal será muy limitado y algún Estado ha sido autorizado a no aplicarla. En cambio, la libre competencia y el libre comercio son de obligado cumplimiento para todos.