Castellón, España
La digitalización, la crisis de confianza institucional, la polarización y la posverdad han amplificado la presencia y el impacto de la desinformación. Este artículo tiene como objetivo caracterizar exhaustivamente las recientes transformaciones de la desinformación política e identificar sus principales implicaciones para la comunicación política y la democracia. Para ello, se utilizan datos de un análisis cuantitativo de contenido de 662 piezas de desinformación verificadas por agencias de fact-checking durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos y las elecciones al Parlamento Europeo de 2024. El análisis se complementa con fuentes secundarias sobre el uso electoral de la inteligencia artificial generativa. Los resultados identifican siete propiedades interrelacionadas: es permanente, porque trasciende los períodos electorales; extendida, debido a la diversidad de actores involucrados; participativa, debido a su producción descentralizada; emocional, por el predominio de la afectividad negativa; erosiva, porque degrada las bases de la democracia; territorializada, porque se adapta a diferentes contextos geográficos; y generativa, debido a las posibilidades de automatización, sofisticación y personalización que proporciona la inteligencia artificial. Esto da forma a la desinformación política integrada, entendida como una comunicación intencionalmente engañosa que ha pasado de una concepción episódica, concebida principalmente como una táctica aplicada en coyunturas específicas, a una configuración estratégica en la que las falsedades se integran recurrentemente en las prácticas y dinámicas de los actores de la comunicación política, generando efectos adversos en los fundamentos de la democracia liberal.
Digitalization, the erosion of institutional trust, political polarization, and the rise of post-truth politics have amplified the presence and impact of disinformation. This article aims to comprehensively characterize recent transformations in political disinformation and identify their main implications for political communication and democracy. To this end, it draws on data from a quantitative content analysis of 662 pieces of disinformation verified by fact-checking organizations during the 2024 US presidential election and the European Parliament elections. The analysis is complemented by secondary sources on the electoral use of generative artificial intelligence. The results identify seven interrelated properties of contemporary political disinformation. It is permanent, as it transcends electoral periods; extended, due to the diversity of actors involved; participatory, given its decentralized production; emotional, due to the predominance of negative affect; erosive, because it undermines the foundations of democracy; territorialized, as it adapts to different geographical contexts; and generative, due to the possibilities for automation, sophistication, and personalization that artificial intelligence provides. Together, these properties point to the emergence of embedded political disinformation, understood as intentionally misleading communication that has shifted from an episodic conception, conceived mainly as a tactic applied in specific circumstances, to a strategic configuration in which falsehoods are recurrently integrated into the practices, dynamics and actors of political communication, generating adverse effects on the foundations of liberal democracy.