Leioa, España
Ursula von der Leyen se presentó ante el Parlamento Europeo en Estrasburgo con un discurso centrado en reforzar el poder geopolítico de la Unión. La presidenta dibujó una UE más segura y más abierta al mundo, al proponer un nuevo Consejo de Seguridad Europeo y un Protocolo de Emergencia frente a ataques híbridos, iniciativas que plantean dudas por su posible solapamiento con la OTAN y con estructuras ya existentes. Bajo su liderazgo, Canadá emerge como socio privilegiado: Von der Leyen le ofrece convertirse en primer «miembro asociado» de la UE, figura aún indefinida, mientras el primer ministro Mark Carney reclama una alianza estratégica que abarque desde minerales críticos hasta la inteligencia artificial, sin convertirse en un «tercer bloque» frente a Estados Unidos y China. En paralelo, la presidenta aborda la presión migratoria con un marco europeo de respuesta a emergencias, un Frontex reforzado y restricciones al acceso de menores a redes sociales, mientras el Parlamento censura a España por el asalto masivo de migrantes en Ceuta y amenaza con revisar la relación con Marruecos. El telón de fondo es una Unión que discute su próximo presupuesto entre frugales partidarios del recorte y un Consejo que busca más recursos propios, al tiempo que moderniza su código aduanero, impulsa la movilidad laboral digital y se proyecta hacia las regiones ultraperiféricas y el Ártico.Todo ello sucede en una Europa que observa cómo Islandia se reafirma en su distancia del proyecto comunitario, Armenia coquetea con la adhesión pese a Moscú y la UE denuncia la erosión democrática de Rusia y sus elecciones ilegales en territorios ocupados de Ucrania.