Luego de hacer un recorrido histórico en torno a la institucionalización del binomio Norte-Sur, utilizado como juego de palabras para marcar, no solo geográficamente sino en los más variados sentidos, las diferencias entre las naciones ricas ubicadas al norte del hemisferio en contraposición con la pobreza observada en el sur, sugiere Eleazar Díaz Rangel que esa asimetría que permite que en el sur vivan 1200 millones de pobres y mueran 30 niños cada día, es la misma desigualdad palpable en la infraestructura de la comunicación. Son los países del norte los que manejan la circulación de la información y el control de las tecnologías y el dominio de los satélites, entre otros. Advierte el autor que a pesar de que luego del conocido Informe MacBride cambió un poco el panorama, ciertas circunstancias políticas posteriores provocaron que esos cambios fueran languideciendo dejando en la actualidad un panorama desolador.