La pandemia de la COVID-19 y la guerra en Ucrania han acelerado un patrón conocido de integración europea “a golpe de crisis”. Cuando los costes de la inacción se vuelven evidentes, la Unión Europea (UE) recurre a instrumentos extraordinarios que amplían, de forma temporal e imperfecta, su capacidad de actuación. Sin embargo, transformar esa respuesta reactiva en una arquitectura fiscal genuinamente federal exige asumir que una parte relevante de los bienes públicos clásicos y de las inversiones estratégicas del siglo XXI presenta un ámbito de provisión eficiente a escala europea, con ingresos propios visibles y políticamente legitimados. Este artículo resume una propuesta para la construcción de una hacienda federal europea orientada a financiar la defensa y la seguridad, la acción exterior, las grandes infraestructuras transnacionales, los dispositivos de aseguramiento colectivo ante riesgos extremos y choques asimétricos, e inversiones en la transición verde y digital. Se discuten el tamaño necesario del presupuesto, la combinación coherente entre tributos y deuda y los principales obstáculos jurídicos y de economía política, poniendo el foco en lo que puede avanzarse en el corto plazo y en los pasos que quedan para un horizonte de medio plazo.