Yaiza Ceballos del Cid
, Bernardo Gómez Calderón
Los jóvenes representan el colectivo más expuesto al fenómeno de la desinformación, toda vez que esta se vehicula principalmente a través de las redes sociales, y estas se han convertido ya en su canal prioritario de acceso a las noticias, por encima de los medios de comunicación tradicionales. La investigación que sirve de base a este artículo se planteó con el propósito de determinar la capacidad de los jóvenes para detectar noticias falsas desde una perspectiva cualitativa, y dilucidar si dicha capacidad mejora según avanzan en sus estudios universitarios. La técnica aplicada fue la del focus group. Se organizaron sesiones con estudiantes matriculados en cada uno de los cuatro cursos del Grado en Periodismo de la Universidad de Málaga (n=23), a los que se suministró una batería de contenidos tanto verídicos como falsos. Los resultados no revelan diferencias significativas entre los distintos grupos, aunque los participantes de mayor edad demuestran más agudeza a la hora de detectar los propósitos subyacentes a las noticias falsas analizadas. Todos son conscientes de que el contenido informativo en las redes es con frecuencia de escasa calidad, dominado por el sensacionalismo y enfocado al clickbait, aunque valoran la inmediatez y la accesibilidad que ofrecen estos canales, y, en general, se consideran más capacitados que los adultos para detectar los bulos.
Young people are among the groups most exposed to disinformation, largely because social media has become their primary channel for accessing news and now surpasses traditional media in relevance. This study examines, from a qualitative perspective, their ability to identify fake news and whether this skill improves as they advance through their university studies. To explore this, four focus groups were conducted with students from each year of the Journalism Degree at the University of Málaga (n = 23), who were provided with a battery of both true and false content. The results do not reveal marked differences between cohorts in their capacity to detect false content analysed. However, students in later years display a more nuanced understanding of the motives behind deceptive messages, indicating a gradual strengthening of interpretative and critical-analysis skills. Despite recognising that information circulating on social media is often sensationalist, low in quality and driven by clickbait strategies, participants value the immediacy, accessibility and constant flow these platforms provide, which explains their sustained reliance on them for news consumption. Overall, young people tend to view themselves as more capable than adults at spotting hoaxes.