Las economías europeas han agotado todas las ventajas comparativas acumuladas durante siglos desde la revolución industrial, como el control de materias primas, flujos comerciales, personas y desarrollo tecnológico. Ventajas que sustentaban al Estado de Bienestar y a la integración europea. Este contexto es sin duda hostil, porque pone en peligro la supervivencia del modelo de vida europeo, su Estado del Bienestar, calidad de vida y su cohesión. Por ello, Europa busca su autonomía estratégica como necesidad irrenunciable.